Abelardo Castillo

Abelardo Castillo

Abelardo Castillo
Información personal
Nacimiento 27 de marzo de 1935
Ciudad de Buenos Aires Argentina
Fallecimiento 02 de mayo de 2017 (82 años)
Buenos Aires, Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Nacionalidad Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Información profesional
Ocupación escritor
Género novela, cuento, teatro, ensayo
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Abelardo Castillo (Ciudad de Buenos Aires, 27 de marzo de 1935-2 de mayo de 2017)[1] fue un escritor argentino.[2]

Biografía

Abelardo Castillo nació en Buenos Aires, pero asume como lugar de nacimiento, por decisión, la ciudad costera bonaerense de San Pedro, a donde se traslada con su padre, en 1946, y donde vive hasta los 18 años.

En 1959 gana el Primer Premio de la revista Gaceta Literaria por su obra de teatro El otro Judas. Ese mismo año conoce a Arnoldo Liberman y a Humberto Constantini con quienes funda El grillo de papel, continuada por El Escarabajo de Oro, una de las revistas literarias de más larga vida (1959-1974), caracterizada por su ideología de izquierda, su adhesión al existencialismo y al compromiso sartreano del escritor. Publica sus primeros cuentos y gana con "Volvedor" el premio del concurso de la revista Vea y Lea (jurado: Borges, Bioy Casares y Manuel Peyrou).

En 1977 funda junto con Liliana Heker y Sylvia Iparraguirre El Ornitorrinco, revista de resistencia cultural a la dictadura que salió hasta 1986. Castillo fue incluido[3] en 1979 en las «listas negras» de intelectuales prohibidos durante la dictadura. En 1976 se casa con la escritora Sylvia Iparraguirre.

Su primera obra de teatro, El otro Judas, escrita a los 22 años (1957) y estrenada en 1961, reitera el problema de la culpa que asume el traidor del Nazareno, tal vez como un secreto instrumento de Dios e, incluso, desde el acto existencial de la responsabilidad de un hombre por todos los hombres. Culpa y castigo son tema de numerosos cuentos de este narrador; un hilo conductor por los arrabales, las casas, los boliches, los cuarteles, las calles de la ciudad o pequeños pueblos de provincia, donde sus personajes llegan, por lo general, a situaciones límite. No son pocas las veces que parecen concurrir a una cita para dirimir un pleito con su propio destino. La fatalidad de los sucesos hace recordar a Borges, una de sus devociones, de quien toma a veces cierta entonación criolla y distante. En otros cuentos, largos períodos apenas puntuados por la coma, aluden a la violencia, al vértigo de las imágenes, el vivir en tensión de sus criaturas.

Muchos de sus relatos incursionan en el delirio y lo fantástico y, algunos ("La casa de ceniza", "Las panteras y el templo") son explícitos o secretos homenajes a Poe, a quien Abelardo Castillo transformó en personaje teatral en Israfel, obra premiada en París por un jurado internacional y que tuviera un largo éxito en Argentina.

Publicó cuatro novelas: La casa de ceniza (1967), El que tiene sed (1985), Crónica de un iniciado (1991), El evangelio según Van Hutten (1999).

Ha obtenido numerosos premios nacionales e internacionales y algunos de sus cuentos, novelas y obras de teatro, han sido traducidos al inglés, francés, italiano, sueco, alemán, eslovaco, esloveno, ruso, polaco, húngaro, griego y macedonio.

Cronología

Abelardo Castillo.

Abelardo Castillo era poco pero favorablemente conocido como autor dramático, en virtud de haber hecho sus primeras armas desde el escenario propicio de Los Independientes mediante un singular enfoque del mito de Judas Iscariote, contrapersonaje evangélico, que poetas, novelistas y dramaturgos de diversas épocas han coincidido en reivindicar, pincelada de sombra que realza el resplandor de la tragedia del Gólgota. En ’Israfel’, el protagonista, haz de luz y sombra, involucra otro mito que atañe a otra pasión, y a otro calvario y camino de amargura: aquel arrebato del espíritu que florece en la pureza del canto poético, y, consecuente con él, la Vía Crucis del tránsito lastimoso del creador ante los filisteos. Porque el personaje que revive en este drama se llamó Edgar Poe, sobre cuyo genio el alegórico cuervo aún clama su fatídico ’never-more’. (…) El planteo conceptual del drama es en extremo sencillo y transparente, situándolo en la repulsa a la materialidad, desde que -como ha dicho Ramón Gómez de la Serna, precisamente de Poe- vegetar en la plena materialidad es como no vivir, y sólo se vive de verdad gracias al contraste de lo material con lo espiritual. En el simbolismo de Castillo, el poeta maldito se yergue con la conciencia de su genio en ruptura con la incomprensión. Tal la lucha, a veces más allá de la muerte. De ahí el título, ’Israfel’, que sugiere un anuncio de apocalipsis y hace pensar en las terribles trompetas que proclaman la hora del Juicio Final. (…) Me acojo con placer a las bellas tradiciones olvidadas de nuestro teatro, al saludar, en Abelardo Castillo, el advenimiento de un dramaturgo; aparición siempre milagrosa. Palabras mayores.

Edmundo Guibourg, en el prólogo de la primera edición

Escribí este largo cuento, o esta nouvelle, en 1956. Tenía 21 años, estaba en el servicio militar y habitaba el mundo gótico de Poe. La casa de Usher y las desniveladas habitaciones del colegio de William Wilson están, notoriamente, en el origen «arquitectónico» de mi casa; mi edad cuando la inventé, y mi incapacidad para la vida castrense, son quizá su explicación psicológica. Nunca, hasta hoy, pensé seriamente publicar esta historia, nunca la sentí como un hecho literario, sino más bien como un homenaje o una despedida. Si ahora me animo a dejarla ir es porque, al releerla, descubrí que me es menos ajena de lo que yo sospechaba: he rastreado en ella una idea análoga a la de El candelabro de plata; he visto, no sin asombro, párrafos idénticos a los que años más tarde imaginé inventar en Israfel.

Abelardo Castillo, en el postfacio que escribió para la primera edición

El más antiguo [de estos textos] es anterior a 1960; el más reciente lo estoy redactando ahora. Su origen es casi oral. Fueron pensados, en su mayoría, para ser leídos en un programa de radio que, hacia 1975, compartíamos alegremente con Sylvia Iparraguirre y que tuvo la ambigua fortuna de ser prohibido tres veces en un mismo día, el 24 de marzo de 1976. Se llamaba Otras aguafuertes porteñas y, como es fácil verlo, estaba puesto bajo la advocación de Roberto Arlt. Las palabras y los días sigue estándolo. (…) He notado que en este libro abunda lo demasiado personal, como si no supiera escribir, sobre el tema que sea, más que apelando a la primera persona. Ya es tarde para corregirme. Hablo siempre de mí mismo, decía Unamuno, porque soy el hombre que tengo más a mano.

Abelardo Castillo, en el prólogo del libro

Comencé mi primera lectura ingenua en idish, leyendo de atrás para adelante, leyendo, como se debe, la contratapa. Al llegar a la parte que dice: «Las ráfagas de la posmodernidad» confieso que me emocioné. Me trajo recuerdos. Recuerdo ―me dije― la última discusión con Castillo sobre los posmodernistas. Fue hace 25 años. Un cuarto de siglo, me dije con nostalgia y evoqué el Tortoni y los posmodernistas en la madrugada. Recuerdo a algunos: Juan Ramón Jiménez, Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno, González Lanuza y, sobre todo, Pedro Miguel Obligado y Francisco López Merino. Pedro Miguel Obligado y su traducción del cuervo de Poe; Francisco López Merino y su poema Ligeia, que escribió en homenaje a Poe. Me decepcionó, pese a la promesa de la contratapa, no encontrarlos en el libro. Salvo esto, como diría Borges, «no sé de un libro más ardido y volcánico, más trabajado por la desolación». Personalmente, creo que Crónica de un iniciado es una de las novelas más importantes que ha dado la literatura argentina. (…) Horacio, en su Epístola a los Pisones, aconseja guardar nueve años el manuscrito antes de publicarlo. Castillo se pasó en 21 años. Estuvo treinta escribiendo esta novela. Supongo que durante esos treinta años hizo otras cosas también. Pero yo recuerdo muchas noches y madrugadas en el Tortoni, viernes que se extendían desde el alba al crepúsculo, cuando Castillo solía tener sed y yo podía beber cosas más interesantes que la estólida agua mineral que bebo ahora, y Costantini, De Lellis, Marechal, Cortázar, Jobson, no estaban muertos, y Castillo nos leía las infinitas y cambiantes versiones de los capítulos de esta novela. (…) El reverendo padre Marcos Pizzariello, en su audición Tres minutos con usted, dijo una vez: «Todo tiene su fruto, todo tiene su precio». Castillo nos ha dejado una novela fundamental, una lección de literatura. Ese es el fruto. Veamos el precio. El pacto con el diablo de Esteban Espósito es el pacto de Castillo con la literatura. El precio es atroz. Justifica el fuego e instaura un lugar donde toda envidia es vana; toda vanidad, efímera; todo resentimiento, inútil; todo odio, insignificante; todo dolor, posible. El precio es la palabra, destrozarse en la palabra. El lema de El Escarabajo de Oro fue una frase de Nietzsche: «Di tu palabra y rómpete». Creo que la palabra ha sido dicha, Crónica de un iniciado ha sido escrita, el pacto está cumplido.

Isidoro Blaisten, texto escrito para la presentación de la novela y reproducido en la revista La Maga el 28 de noviembre de 1991

Abelardo Castillo arrastra desde hace tiempo el estigma de ser algo así como ’el’ escritor de los ’60. La renovación de la literatura argentina que supuso esa generación suele resumirse y trivializarse en pocas palabras (compromiso, por ejemplo). En cambio se da como obvio algo que no lo era en absoluto hasta entonces: a principios de los sesenta empezó a leerse a Borges no en contra de sino en paralelo a autores como Arlt, Marechal o Cortázar. Desde entonces, la literatura argentina pudo integrar con naturalidad dentro de un sistema de lecturas lo que hasta entonces era una dicotomía insalvable. Mientras Cortázar disimulaba a través de sus pirotecnias estilísticas que estaba escribiendo siempre el mismo puñado de cuentos, Borges, en cambio, lo hacía enfáticamente explícito (aun cuando no lo fueran). Una y otra modalidad son, en realidad, anverso y reverso de la misma cosa. Después de Borges y Cortázar, no puede no saberse esta lección, y estos Cuentos completos permiten ver por qué Castillo es el cuentista más poderoso de los sesenta (solo Walsh y Briante, en sus mejores cuentos, están a la altura de los mejores de Castillo, pero uno y otro, por diferentes motivos, dejaron una suma de cuentos menor).

Juan Forn, reseña publicada en Radar Libros n.º 7, suplemento del diario Página/12, en 1997

Fallecimiento

Abelardo Castillo falleció en Buenos Aires el 2 de mayo de 2017 debido a complicaciones posteriores a una cirugía intestinal de la que no pudo recuperarse, según informaron allegados al escritor. Tenía 82 años de edad.

Obras

Novelas

Cuentos

Teatro

Ensayos

Otros

Reportaje

(por María Esther Gilio), fragmento

-¿Qué es la poesía para usted? -No es un género, no es escribir versos, es una actitud frente al mundo. Cuando uno lee novelas como El gran Meaulnes, de Alain Fournier, está ante un objeto poético. El Adan Buenosayres, de Marechal, está atravesado en todo sentido por la poesía. Los cuadernos azules, de Adán, son la obra de un poeta que escribe en prosa. -Pensemos un poco en Jorge Luis Borges... -Yo no creo que Borges sea un gran poeta cuando escribe en verso, gran poeta en el sentido en que lo son Vallejo o Neruda. Siempre hay en su poesía algo de prosista, de hombre que sabe escribir verso, pero que no es poeta. Sin embargo, hay zonas de su prosa que son hondamente poéticas. -¿Cuándo podemos decir «he aquí un poeta»? -Yo diría que el poeta lo es por su manera de situarse ante el mundo.

Galardones

Abelardo Castillo.


Referencias

  1. De Luca, Christian C. (4 de febrero de 2016), Ajedrez & Famosos - Abelardo Castillo (2004), consultado el 3 de mayo de 2017
  2. Gigena, Daniel. «Murió el escritor Abelardo Castillo». La Nación. Consultado el 2 de mayo de 2017.
  3. «Revelan los nombres de intelectuales prohibidos por la dictadura militar». La Nación. 8 de noviembre de 2013. Consultado el 8 de noviembre de 2013.

Enlaces externos

(Biografía extraída en parte de El cuento argentino 1959-1970, publicado en la colección Capítulo de la editorial Centro Editor de América Latina).


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